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Hoy en día, sabemos que nuestra salud física, emocional y mental depende ampliamente de quién habita nuestro intestino (ver mi post anterior “Microbiota: Sabes que no estás solo en tu cuerpo, ¿verdad?”). Así que para asegurarte que tienes a los buenos huéspedes en tu organismo, te invito a contemplar las cinco reglas de oro del buen anfitrión.

1. Tener una “casa” limpia y sana

Una de las grandes paradojas actuales es que “cuanto más elevadas son las normas de higiene en un país, mayor número de alergias y enfermedades autoinmunes existen en él”, explica la científica alemana Giulia Enders en su famoso libro “La Digestión es la Cuestión”. Esta constatación tiene que ver con el uso generalizado de sustancias antibacterianas que matan tanto a los microbios patógenos como a los beneficiosos. Así que ojo con todos estos productos de limpieza, desde el spray para el baño hasta el enjuague bucal. Repito: el 95% de las bacterias del mundo no representan ningún riesgo para nosotros, al contrario.

Una buena higiene requiere mantener un equilibrio entre bacterias beneficiosas y oportunas a través de 4 principios elementales:

  • La dilución es, en la mayoría de los casos, suficiente para que las bacterias no sean una amenaza. 

⇒ Ejemplo: enjuagar las frutas y las verduras (aquí sólo me refiero a las bacterias, hablaré de los pesticidas más abajo); airear una habitación.

  • El secado es otra regla sencilla para impedir la multiplicación bacteriana.

⇒ Ejemplo: tender la toalla después de la ducha; escurrir adecuadamente el estropajo y dejarlo en un sitio seco.

  • La temperatura es también esencial para limitar la proliferación.

⇒ Ejemplo: conservar los alimentos en la nevera (máx. 5°C); “hervir” la ropa blanca o las prendas de una persona enforma  (min. 60°C).

  • El lavado, por fin, es beneficioso cuando deja una capita protectora de grasa (por eso es mejor no abusar, sobre todo con nuestra piel).

⇒ Ejemplo: el uso de jabón o crema natural; el enjuague bucal de aceite ayurvédico.

Nota: el uso de productos naturales para la higiene tiene también muy buenas repercusiones al nivel medioambiental ya que no contienen perturbadores endocrinos.

2. Generar un ambiente agradable

El ritmo desenfrenado de la vida moderna, el alto consumo de sustancias excitantes, la sensación de no poder con todo, la percepción de que nuestra vida está en juego en cada instante: todo esto fomenta un estado de estrés crónico que perturba las funciones de alimentación y mantenimiento de nuestro organismo.

Tras recibir un mensaje de peligro de parte de nuestra amígdala (puede ser que se trate de un oso persiguiéndonos, de una gran taza de café o de nuestra pareja estando de muy mal humor), nuestras glándulas suprarrenales emiten hormonas para que nos enfoquemos en resolver la amenaza y paremos todo lo que no nos ayuda tanto en esto, es decir: la digestión, la renovación celular, el sistema inmune, etc. ¿No te habrá pasado enfermarte después de un intenso periodo de trabajo?

Para que quede claro: una trinchera de guerra no es exactamente un sitio acogedor para recibir a tus invitados. Por eso, la siesta es un hábito tan sabio. Y si no puedes tumbarte ni un rato, emprender una actividad calmada es ideal después de comer.

3. Servir a tus invitados una buena comida

Bueno, ante todo, ¡procurar no intoxicarles! Con eso me refiero a los pesticidas y antibióticos contenidos en los alimentos producidos por la agricultura química. Por si te quedan dudas respecto a la nocividad del n°1 de los pesticidas: el glifosato (se esparcirá mientras lees este artículo alrededor de 6.500 kg de este producto por el mundo), tal vez te interesa saber que no sólo es un agente quelante de metales / minerales que desnutre las plantas y contamina los ríos, sino que es también un antibiótico de mayor espectro, lo cual es venenoso para tu flora intestinal…

Dicho esto, la comida preferida de las bacterias beneficiosas son lo que llamamos los “prebióticos”. Son fibras alimentarias que sólo pueden ser asimiladas por nuestra flora amiga o, dicho de otra manera, no nutren a los bichos malos, por eso está el azúcar 😉

Buenas fuentes de prebióticos son: las alcachofas, los puerros, los espárragos, las endivias, la cebolla, el ajo, el tupinambo, la chirivía, la avena, la quinoa o la amaranta, etc.

De hecho, una dieta rica en alimentos de origen vegetal es especialmente provechosa para la flora intestinal.

4. Invitar regularmente a nuevos huéspedes

Seguro que habrás escuchado hablar de los “probióticos”. Son bacterias consumidas a través de la dieta (o suplementos) que ayudan a mantener la salud intestinal. Las cepas comunes incluyen bifidobacterias y lactobacillus.

Buenas fuentes de probióticos son:

  • las bebidas fermentadas: el kéfir (de agua o de leche), el kombucha (a base de té), el ginger ale.
  • las verduras fermentadas: el chucrut, el kimchi (especialidad coreana).
  • otros alimentos fermentados al estilo japonés / macrobiótico: el miso, el tempeh, el ajo negro.
  • los lácteos crudos: la leche, el queso, el yogurt.

Si los compras ya hechos, asegurate de que no hayan sido pasteurizados. Y si te interesa hacerlos en casa, publicaré a través de mis cuentas Facebook @mariabouchard_coachdesalud y Instagram mariabouchard_healthcoaching recetas caseras.

Al fin y al cabo, una alimentación viva (ver mi post anterior “Alimentos: ¿Cómo los prefieres: vivos o muertos?) te permite fácilmente llenar el tanque de micronutrientes, de prebióticos y de probióticos.

5. Y si tus amigos se han ido, y sólo quedan personajes molestos, es hora para un cambio radical

Cuando se te acumulan los problemas de metabolismo, de intolerancias alimentarias, de alergias, de infecciones, y / o que tienes que seguir un tratamiento a base de antibióticos, te recomiendo consultar a un terapeuta cualificado en el campo de la salud de la microbiota. Tras hacer unos análisis clínicos, te ayudará a elegir los prebióticos y probióticos en forma de suplementos que más se adaptan a tus necesidades (cepas bacterianas, concentración, duración etc.), y en casos de disbiosis severa, podrá también evaluar la oportunidad de realizar un trasplante de microbiota intestinal.

No me canso de decir que es imposible sobreestimar la importancia de la microbiota, tanto en nuestro organismo como en los suelos. La maravillosa cadena de la vida empieza con seres minúsculos y frágiles, y termina con nosotros, seres humanos. Para mantener el equilibrio, necesitamos:

Consciencia ∞ Delicadeza

 

Ahora te dejo abajo unas preguntas para seguir con tu reflexión:

  • Higiene: ¿Cómo sueles limpiar tu casa y lavar tu cuerpo? ¿Qué cambios podrías realizar para el bien de tu flora?
  • Estrés: ¿Cómo es tu vida después de comer? ¿Qué podrías hacer para aumentar tu serenidad mientras digieres?
  • Comida: ¿Sueles consumir prebióticos / probióticos a diario? Si tu respuesta es no, déjame retarte a añadir una fuente de ambos en tu dieta durante los 7 próximos días. Me puedes responder: “sí”, “no” o hacerme una contraoferta, ¡tú decides!

Espero que este artículo te haya sido útil. Si tienes cualquier duda o comentario, ¡no dudes en escribirme!

Cuídate,

Maria.

Libros relacionados con el tema del post:

  • “La digestión es la cuestión” de la Dra. Giulia Enders

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